La operación. Fractura de la meseta tibial III

Proyecto

Conforme se iba acercando el día de la operación ya me iba poniendo más nerviosa. El fin de semana estaba tranquila porque mis amigos venían a visitarme y me llamaban por teléfono y como que me sentía querida y se me olvidaba todo ¡y me traían bombones! Nunca he comido tanto chocolate jeje.

El lunes por la mañana firmé la autorización y ya no había vuelta atrás. Y entonces es cuando empecé a tener miedo de verdad. La epidural, el quirófano, el hecho de estar despierta y escuchar golpes, tornillos, cauterizaciones.

Empecé a llorar como una niña. Pero llorar llorar. Y los enfermeros a ponerme drogas. La última que me pusieron, me subieron la barrera de la cama y me dijeron: “Te subo esto porque lo que te he puesto equivale a cinco mojitos”. Efectivamente, al rato, cuando me llevaron a quirófano no paraba de hablar, de pedir explicaciones, pedir nombres, quejarme, reirme… Hasta que un enfermero me dijo que tenía que callarme porque el cirujano tenía que concentrarse.

El anestesista, el único de todo el equipo que se presentó, me puso la epidural y no me dolió nada. Y eso que me agarré al auxiliar con las uñas por si tenía que arrancar algún pedazo de carne por el dolor (es bueno tener una víctima a mano). Es curioso ver cómo se te duerme la parte de abajo del cuerpo y se te empieza a poner acolchadita. Aún así yo aún tenía pánico porque no notaba dolor, pero sí notaba como me tocaban y me quitaban la férula. Mis nervios seguían creciendo.

Me tumbaron, me dijeron que me callara otra vez y que dejara de moverme. Creo que ya se cansaron de aguantarme y me pusieron algo en la vía, porque lo siguiente que recuerdo es despertar mientras me vendaban la pierna y el auxiliar me quitaba las gafas nasales. Y respiré aliviada de no haberme enterado de nada.

Diez minutos (o eso me pareció a mi) en la sala de reanimación y para arriba. Mi madre dijo que lo primero que pedí fué una hamburguesa. Pero se ve que nadie me hizo caso porque me dieron un zumo. Me pusieron morfina, nolotil y me dieron diazepan. Y ale, a dormir.

Esta entrada hubiera sido más interesante si yo hubiera sido más valiente. Pero si me volvieran a operar de nuevo, volvería a llorar del pánico.

Commentarios (2)

  1. Y yo ahora que lo sé pienso hacer lo mismo para que me duermannnnn jajaja

    Sábado, septiembre 3, 2011 at 21:31 #
  2. Yo le tengo un pánico horroroso a las agujas, a las operaciones y a todo lo que huela a hospital.

    Domingo, septiembre 4, 2011 at 2:31 #